Reporte 8
El final tal vez se acerque
Nuestro héroe agoniza
No hay posible albergue
En esta lucha ahogadiza
El valeroso se ve acorralado
Tal vez no haya manera
A la vida está aferrado
Pero el rival muestra destreza
Hoy me he visto involucrado en la peor batalla que he tenido hasta el momento. Jamás pensé que llegase este momento, y menos aún tan pronto. Es el mayor obstáculo que se ha presentado en mi camino a mi meta. Mi meta de llegar hasta el único rival que verdaderamente me interesa, aquél que me arrebató algo mío, cosa que no puedo consentir.
He llegado hasta mi rival, y en principio no parecía que fuera a dar muchos problemas, pero pronto empezó a destacar por su extrema agilidad. De pronto desapareció, y volví a encontrármelo en la costa poco después. Hizo surgir tras de sí una gigantesca ola que me engulló, y de pronto me vi sumergido en el fondo del océano, incapaz de moverme debido a la gran cantidad de energía que desprendía mi rival. No obstante, de pronto alguien, cuya identidad no desveló, me cedió su apoyo y su energía, y fui capaz de salir de aquel embrollo. Pero no fue suficiente, pues, a pesar de llegar a estar a su nivel, aun así no fui capaz de hacerle mella, y pronto tomó las riendas del combate, dejándome exhausto y tirado en el suelo, sin apenas moverme.
Parecía que todos mis huesos estuviesen hechos pedazos, y que todos mis músculos estuviesen desgarrados. Literalmente, me veía incapaz de moverme. Sus efectivos golpes, unidos a su amenazante energía, me habían vuelto a paralizar. Estaba tirado en el suelo, y mi enemigo se iba acercando lentamente. Cada vez estaba más cerca; cada vez veía más cerca mi trágico destino. Estaba claro que no iba a condonarme. Me iba a aplastar como a una hormiga.
No obstante, de pronto, volví a escuchar aquella voz que provenía de allá a lo lejos. Me decía que no me rindiese, que me quedaba poco para derrotarle, y que iba a proporcionarme toda su energía para que saliese adelante. Aunque ello supusiese caer debilitado él, pero ahora lo que importaba era mi batalla. Volví a sentirme lleno de energía, aunque mi cuerpo se seguía sintiendo demasiado débil. A duras penas conseguí ponerme de pie, siempre en el límite del equilibrio. No tenía fuerzas ni para salir corriendo, y estaba claro que en ese estado, y sin mi quería espada, no conseguiría derrotarle.
Este ser se plantó delante de mí, quizá esperando a que hiciera algún vago movimiento, para, finalmente, quitarme de en medio. Pero, en mi memoria, volvió a dibujarse aquella voz que me animaba y me daba fuerzas, y entonces, empecé a desprender tanta, o quizá más energía que el enemigo, tanta que empecé a asombrarme. Mi cuerpo seguía débil, pero mi espíritu se hacía cada vez más fuerte.
De pronto, noté cómo sentí la presencia de mi espada, que había sido lanzada lejos. Era como si cobrase vida. En ese momento, sentí un rayo caer a mis espaldas, un rayo que iluminó toda la zona. Sentí cómo mi espada quería volver a mí. Así lo desee, y mi espada fue volando hasta mi presencia. Pronto llegó a mis manos, y noté más que nunca todo su peso, pues me sentía casi incapaz de blandirla. No obstante, sentí todo el poder de Zeus, y de su rayo, como si él también quisiera darme energías para salir victorioso de este combate.
Gracias a esta sensación, fui vagamente capaz de alzar mi arma. Pero tal vez era demasiado tarde, pues mi rival ya se acercaba a atacarme. Era cuestión de una fracción de segundo decidir el fin del combate. Si era capaz, incluso a pesar de mi notoria debilidad, de burlar a su increíble agilidad, y de asestarle un golpe, de seguro este sería mortal. Difícilmente se podía vislumbrar el destino del combate.
Sin apenas ser consciente de lo que había sucedido, cerré los ojos, y mi última imagen fue la de su puño dirigido directamente a mi pecho. Pero no sentí ningún golpe en mis carnes, así que, abrí los ojos, y lo que vi realmente fue mi espada clavada en el pecho del enemigo. No sabía realmente lo que había pasado, ni si fui yo quien realizó esa maniobra, o sin embargo fue el gran Zeus, quien me bendijo con un rayo que otorgó un poder sobrehumano a mi espada. Pero lo que estaba claro es que por fin había vencido.
El gran rival queda por fin vencido
Tras un gran esfuerzo se consigue el éxito
Demostró ser aguerrido
Y por Zeus resultó bendito
Mi rival se quedó inmóvil, jadeando, y en cuestión de segundos cayó redondo al suelo. Yo también estaba exhausto, así que también me dejé caer al suelo para tener un momento de respiro. No sé si me quedé inmóvil unos minutos, o quizá unas horas. Cuando pude reunir las fuerzas suficientes para moverme por mi mismo, utilicé toda la sangre que le quedaba a mi rival para potenciar aún más mi arma, y también para bebérmela yo, y así recuperarme de mis heridas, y captar parte de las asombrosas habilidades del ahora fallecido.
Pronto me sentí como nuevo, y más aún, más fuerte y ágil que nunca. Mi espada, además, rebosaba energía, y desprendía un ligero destello azul, tal vez por el rayo que la bendijo. Desarrollé una nueva habilidad, que he bautizado como el ataque relámpago, que fue la que me permitió alcanzar las cotas de velocidad suficientes para que mi ataque fuese certero. Seguramente la necesite contra más adversarios duros de pelar.
Mi próximo destino fue mi guarida. En realidad no fui a descansar, sino a despedirme de todo aquello a lo que otorgaba algo de valor sentimental. Tal vez no fuera a volver ahí jamás. Lo más probable es que mi sendero terminase antes de que tuviese la ocasión de regresar. Al poco de yo llegar, empezó a anochecer, así que decidí pasar la noche en mi especie de habitación, para partir a primera hora de la mañana a tierras extranjeras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario