Reporte 4
En este país ya sólo quedamos tres. Y, en cuanto quede yo solo, empezaré mi rumbo hacia otros países. No estoy seguro de mi victoria; no obstante, espero que todo el duro entrenamiento que he realizado haya servido para algo.
Hasta ahora, he derrotado a tres caballeros: el primero, del que aún no he hablado, fue Alozar; el segundo, aquél al que le quité el casco, que todavía mantengo; el tercero, aquél tipo gigante, cuyo tamaño no fue impedimento para que finalmente lo matase.
Con cada víctima, nuestra alma se mancha un poco más. No obstante, yo no lucho por placer, ni por gloria, no. Tal vez la única razón por la que decidí participar en esta matanza ha sido la de abrirme paso hasta llegar hasta el famoso Kasza, derrotarlo, y así cobrar mi venganza. Reconozco que no sé muy bien lo que es querer a alguien, pero a mis padres los admiraba. Además, era lo poco que me quedaba en este inmundo planeta.
En la batalla contra Alozar, que tuvo lugar en el país vecino, cerca de la frontera, lugar en el que yo estaba de paso, aún estaba un poco verde. En efecto, podía aniquilar con facilidad a animales salvajes tales como osos y lobos, incluso con mis propias manos. Pero, un caballero atormentado, ésa es otra historia. Y, para ser el primero, no fue nada fácil. Su arma, una vara, era algo sosa, pero él no necesitaba más. Su predisposición para el combate, y su habilidad no dejaban mucho que desear. Me costó bastante atacarle: por cada golpe que le acertaba, yo recibía de él cuatro o cinco. Empleaba su vara con fuerza, y apenas me causó heridas sangrantes, pero sí me hizo bastante daño, incluso alguna que otra contusión, de la que ya estoy más que recuperado. En una ocasión, logró tirarme al suelo, y se dispuso a fracturarme el cráneo con un fuerte varazo, pero yo blandí rápidamente la espada, y conseguí sesgarle un dedo de la mano derecha, haciéndolo retroceder.
Desde entonces, fue perdiendo el dominio del combate, y fui ganando terreno. Primero, con un mandoble, conseguí rasgar la pernera de la armadura, y hacerle una pequeña herida en la pierna. Después, logré cortarle una oreja. También me llevé algún que otro golpetazo, que me dolió bastante, teniendo en cuenta que por aquél entonces, no llevaba nada de armadura, salvo mi ropaje de tela. El combate fue, poco a poco, ganando velocidad. Él, enfurecido, empezaba a meterse de lleno en el combate, y mi famosa agilidad se fue despertando poco a poco. El combate finalizó cuando le tendí una trampa: haciéndole creer que quería despojarle de sus pies, con una agilidad desbordante, pasé mi espada a ras del suelo, y, nada más saltar él para esquivar el ataque, alcé mi arma hacia el cielo, y atravesé por completo su cuerpo por el eje de simetría. Me arrepentí de haberle dado muerte, después de haber sido testigo de su valor y sus habilidades. Pero en esta batalla estamos condenados a acabar con los enemigos, y con los amigos también, sin piedad.
Bien, hoy tendrá lugar uno de los dos combates que libraré antes de partir a otras partes del mundo. A lo largo del tiempo, iré visitando nuevos sitios, y me enfrentaré a otros guerreros, cada vez más fuertes y hábiles. Seguramente, me pondrán a prueba más de una vez, pero haré lo posible por ir librándome de todos los que me corten el paso hacia aquél con el que me cobraré venganza.
Este ser es un poco intimidante. Dicen que, desde el principio, el destino de esta batalla está marcado, pues no hay nadie capaz de hacer frente a esas guadañas. Pero yo no estoy tan seguro. Cierto es que aún no estoy preparado, pero hasta que me encuentre con él pueden pasar meses, incluso años, y aún tengo mucho tiempo para curtirme en la batalla, y desarrollar al máximo mis habilidades.
Me gusta escoger el sitio donde tendrán lugar las batallas que libro con otros guerreros. No suelen poner pegas. Ellos lo único que buscan es sangre. Allá donde esté, me buscan, siguiendo mi presencia, y comienza la batalla. Para este combate he elegido una gran explanada, donde podamos movernos con libertad suficiente, y así disfrutar de un gran combate.
Savior aguarda paciente
Al combate contra un rival
En la explanada durmiente
Un campo de batalla sin igual
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