sábado, 21 de agosto de 2010

La saga de los caballeros atormentados VI

Reporte 6

Me pregunto si los dioses hablarán de nuestras hazañas. De nuestras místicas batallas como caballeros. Sea como fuere, cuando resulte caído en combate, tal vez las valquirias me lleven hasta el Valhalla. Seguramente sea un gran sitio donde pasar la eternidad; pero no es por ello por lo que lucho. Tal vez ni siquiera sea el único motivo el de venganza. Tal vez esté condenado a luchar, como muchos otros.

Si consigo sobrevivir a esta batalla, iré hasta el bosque, construiré una balsa de madera como me las apañe, y pondré rumbo a tierras extranjeras. Quién sabe si, siquiera, conseguiré llegar sano y salvo a mi destino. Mientras tanto, me apresuro a encontrarme con aquél que aguarda mi llegada.

Está, como quien dice, en la otra punta del país, y, aunque no es un país grande, ir a pie cansa bastante, algo nefasto justo antes de un combate. Por eso, tal vez lo lógico sería esperar aquí a que venga él, aunque eso agravaría la cosa, ya que le haría esperar, y volvería enfurecido. Y tal como se percibe su esencia, creo que no es bueno hacer hervir su ira.

No obstante, yendo a paso ligero, con agilidad, y evitando obstáculos varios, no me llevaré el día en llegar. Tal vez con una hora sea suficiente. Para llegar a mi destino, he de esquivar campos esterilizados por la lava, montes, zonas volcánicas, y regiones donde animales salvajes puedan entorpecer mi paso: pero esto solo sería mayor impedimento para llegar pronto: viendo los peligros a los que me he enfrentado, el animal al que más temo ahora es al ser humano.

Durante el viaje estuve reflexionando sobre diversas cosas. Primero me pregunté cómo sería el rival al que me voy a enfrentar. Desprende un aura muy poderosa, e, independientemente de lo poderosa que pueda ser su arma, su fuerza le basta para librar grandes batallas. Después me puse a pensar en la esencia de esta batalla: el motivo por el que se libra esta batalla, y los motivos que puedan impulsar a cada uno para seguir luchando. Si creemos en la bondad del ser humano, no sería adecuado pensar que todos nosotros luchamos solo por la destrucción y la sangre.

Después me puse a reflexionar sobre lo dura que es esta batalla, y lo complicado que es llegar hasta lo más alto, a pesar de que yo, a veces, pienso que es relativamente sencillo llegar a cumplir mi propósito, el de saciar mi venganza derrotando a las conocidas como las guadañas más veloces y audaces que existen.

Por fin llego al sitio donde tendría lugar el combate con mi enemigo. Es un lugar cercano a la costa. Avancé un poco, en la dirección en que apuntaba su presencia, y no tardé mucho en encontrarme delante de él. Estaba sentado en la posición de loto, y no portaba una armadura demasiado protectora, ni siquiera parecía llevar arma alguna.
No obstante, su presencia, ya de por sí, resultaba aterradora. Desprendía una gran energía amenazante. A pesar de que yo sí portaba un arma, y pese a mi agilidad, se avecinaba una interesante batalla. Me postré delante de él, y estuve un tiempo mirándole, los dos totalmente inmóviles, intentado encontrar alguna vía para atacarle.

Mi forma de saludarle, no muy gentil, fue la de blandir mi espada con toda mi agilidad para generar a partir del aire del ambiente una onda cortante, que le dio de lleno en el pecho y, no obstante, no pareció hacerle ni pizca de daño, ni siquiera cambió un ápice su semblante. Entonces, decidí acercarme a él, con la espada al frente, y asestarle un golpe directo. Caso error: mi rival desapareció de mi vista antes de que me diese cuenta, y apareció detrás de mí. Su velocidad era increíble, incluso para mí era algo nuevo. Volví a intentarlo, a acercarme a él, todo lo raudo que soy capaz, y volvió a esquivar mi ataque.

Mi segundo paso fue lanzar mi espada, como si de un bumerán se tratara, para que recorriese toda la circunferencia del campo de batalla. Cuando ésta volvió a mis manos, me giré para ver si había surtido efecto, y me lo encontré tan tranquilo como cuando llegué. ¿Es posible que este guerrero sea indestructible? No, no puede ser. En el fondo sabía que debía de tener alguna debilidad, y yo debería ser capaz de desarrollar una artimaña con la que pudiese derrotarlo.

Probé de una y mil maneras, pero él se mantenía en sus trece, meditando, tal vez para concentrar sus energías en lanzarme algún ataque demoledor. Incluso rogué a los dioses para que me concediesen una oportunidad para acabar con él. Pero, al parecer, en esta batalla no estaban de mi lado.

Decidí acercarme más a él, no en pose ofensiva, sino paso a paso, hasta que le tuve enfrente, a pocos pasos. En esta ocasión no se había movido, y yo creía que, a esa distancia, el más veloz de mis mandobles conseguiría hacerle mella, siendo imposible que tuviera tiempo para reaccionar. Pero me equivoqué, pues, a pocos centímetros de que la espada agrietase su cara, éste la paro con las dos manos. Volví a sentir esa presencia aterradora. Estaba paralizado, y con una patada fue capaz de lanzarme lejos. Estaba claro que era un caballero de los pies a la cabeza, y no comprendía en ese momento cómo no era tan popular entre nosotros como lo es Kasza: un caballero que combate a puño descubierto, con su espíritu como única arma.

Estaba tumbado en el suelo, y esta vez sin la espada a mi alcance. Mi rival se acercó, y entonces creí estar totalmente perdido. No obstante, no me atacó, sino que puso una pose muy intrigante: totalmente recto, juntando las manos con los dedos acoplados a la mano adversa, y los dedos índice y pulgar enfrentados. De repente, apareció una humareda desde el suelo que se fue levantando, y cuando desapareció, se llevó con él a mi enemigo. Seguramente no habría ido muy lejos, y sólo me estuviese esperando en otro lugar para proseguir el combate.

No obstante, me dio la oportunidad de ir a recuperar mi espada. ¿Tan seguro estaba de su victoria, que estaba dispuesto a darme algo de ventaja?

Su presencia volvió a notarse, y agudicé mi sexto sentido para localizarle. En efecto, no había ido muy lejos, y al poco me lo encontré en la costa, a la orilla del mar. Esta vez no estaba sentado, sino que estaba totalmente recto, y cuando me acerqué, puso una pose, como si fuera a invocar un conjuro, y tras de sí se alzó una ola gigantesca, que se abatió contra nosotros, y nos engulló por completo.

En cuestión de segundos, fui engullido por el agua, y cada vez la columna de agua sobre mi cabeza era mayor, hasta que me encontré en las profundidades del mar. Quién sabe cómo se las apañó este ser misterioso para conducirme hasta ese lugar en tan poco tiempo. Por supuesto, lo normal sería ir nadando hasta la superficie, para salir a flote. Pero, incluso en las profundidades del mar, podía notarse la presencia de mi enemigo. Desprendía una energía tan intensa, que volví a sentir la parálisis.

Esta vez no podía mover ninguna parte de mi cuerpo. Era frustrante ver cómo, de una situación tan sencilla, la cosa se había complicado tanto, hasta el punto de que ese podría ser mi fin. Y mientras tanto, me iba hundiendo cada vez más, y el aire empezaba a faltarme…

No hay comentarios:

Publicar un comentario