Reporte 7
¡Oh! Qué bello es contemplar la danza celestial. Cómo las bellas e intangibles estrellas se mueven por todo lo largo de la bóveda celeste. Cómo la luz de las estrellas, en contraposición con lo oscuro de la noche, conforma el yin y el yang del firmamento.
El cielo, en todo su esplendor, se puede mostrar bello, así como puede sacar su lado más atroz cuando lanza rugientes rayos que calan en el alma de todos los circundantes, y son capaces de iluminar el ambiente como si crease un día artificial. Zeus, el gobernador de los cielos, es un ser benevolente que puede desatar toda su ira en una vorágine de destrucción.
¡Ah! Qué inmenso es el mar; grandes columnas de agua que vagan por todo lo largo del globo terrestre. El agua, que puede mostrarse en calma, o en cambio rugir bravamente, puede salvarte la vida, o arrebatártela. Siendo el elemento más blando de la naturaleza, es capaz de causar la destrucción allá por donde pasa. Es Poseidón el rey y guardián de los mares, el que vigila con su tridente las aguas bajo su trono submarino.
En el inframundo, el lugar a donde van a parar las ánimas de los caídos, habita Hades. Su hogar es el fin de cada una de las individuales historias de cada persona que nace en este planeta. Es el fin de una gran cantidad de recuerdos, de historias, de sentimientos, de vida.
Mi viaje ha estado a punto de acabar. Por primera vez en mi vida, se me presentó un bache en mi camino hacia mi destino, que parecía ser totalmente imposible de escalar. Por primera vez, en esta batalla, me encontré con un rival que parecía ser totalmente imposible de derrotar. Por primera vez, me sumí en una situación que parecía imposible de superar.
Durante mi lucha con aquel tipo, una ola gigante me arrolló inevitablemente, y en cuestión de segundos me hallé en el fondo del océano. Escapar hacia la superficie me fue totalmente imposible, ya que el gran poder de mi rival me paralizó por completo. Lo único que podía hacer en esos momentos era ver cómo me hundía cada vez más, ante la presencia impasible del enemigo. En esos momentos sólo pensaba en cómo mis sueños, mis esperanzas, simplemente… se desvanecían.
Todo parecía perdido. Cada vez me hundía más, y parecía imposible librarse de la parálisis en la que me tenía sumergido el rival. No obstante, en el último momento, pude vislumbrar un halo de esperanza. En los últimos instantes que me quedaban de vida, pude oír claramente una voz, procedente de Dios sabe dónde, que me llamaba. Una voz que me resultaba familiar, perteneciente a alguien que quería sacarme de aquél apuro.
Aquella voz me daba esperanzas, me daba energías. Alguien, situado en otra parte, lejos de aquella zona de batalla, me cedía su fuerza y su energía para que saliese con vida de aquella entramada situación. De repente, sentí cómo mi cuerpo se llenaba de energía, de vigor, y por fin fui capaz de liberarme de aquella parálisis que me impedía moverme. Y no sólo eso, sino que además conseguí tanta potencia, que pude abrir las aguas a mi paso.
Era alguien nuevo, renovado. Me sentía lleno de poder. Sentía que dentro de mí, fluía cada vez más vida. Y, además, sabía quién era aquella persona que me dio todo su apoyo, no solo para salir con vida del fondo del mar, sino también de unir fuerzas para poder derrotar a un enemigo común.
Ahora sí que me veía, o eso creía, capacitado para derrotarle. Esta vez contaba con una fuerza adicional. Era como si nosotros dos fuéramos a combatir al unísono contra el rival. Como si mis golpes fueran a resonar como si los golpes de ambos actuasen en conjugación. En cuanto me liberé de la columna de agua que se cernía sobre mi cabeza, volví a encontrarme sobre la caliente arena, en frente del caballero que tantos problemas me estaba causando. No parecía muy sorprendido por el hecho de que yo me hubiese liberado de su control, y sin embargo me veía capacitado para darle la vuelta a la situación.
Alcé mi arma, y me acerqué al rival todo lo rápido que pude. Me sorprendió ver cómo esta vez no se había apartado, sino que, manteniéndose en el sitio, intentaba a toda costa parar con las palmas de las manos los mandobles que le asestaba. En realidad no tomé el control del todo, sino que ahora la batalla estaba un poco más igualada. La espada no me servía de mucho si no conseguía alcanzarle, pero por lo menos ahora estaba casi convencido de que no me volvería a pillar por sorpresa.
Cuando llevábamos un buen rato forcejeando, me di cuenta de que, en realidad, no era él quien había reducido su increíble velocidad, sino que era yo quien, gracias a la energía que me proporcionó mi compañero, alcancé unas cotas de agilidad impensables hace un tiempo. No obstante, aún necesitaba más agilidad para poder conseguir siquiera dañar al enemigo. Parecía un dios, más que un mortal.
Me alejé, y cuando estábamos los dos, a una cierta distancia, de frente, nos quedamos mirando. Si antes no parecía tener ánimos para tomar la iniciativa, y acercarse a atacarme, ahora que no me iba a pillar desprevenido, menos aún. Lo siguiente que decidí hacer, fue lanzar mi espada, como lo había hecho anteriormente. Pero desgraciadamente, la espada no había sido bendecida con el don de la agilidad, y no consiguió hacer mella.
Mi rival, entonces, tal vez cansado de que tanto se prolongase la contienda, decidió acercarse a mí y golpearme. Esta vez demostró su verdadero potencial. A pesar de que no portase arma alguna, sus golpes eran duros y ágiles, casi imposibles de esquivar. Apenas me dio tiempo a usar mi arma. En un momento me lanzó al suelo, y traté desesperadamente de alzar mi arma para atacarle, pero una gran cantidad de energía me deslumbró, y mi espada salió volando por los aires.
Ahora sí que volvía a estar en desventaja. Estaba claro que todas mis cualidades se habían potenciado notablemente, pero aún así sin mi arma no tenía gran cosa que hacer. Él aún era más ágil que yo, y los pocos golpes que consiguiera asestarle, tampoco le harían un daño notable. En efecto, nos enzarzamos en un combate cuerpo a cuerpo, y él mostró una ligera ventaja.
El pobre Savior
De vencer se ve incapaz
Quién será el vencedor
El guerrero más audaz
Acabé en el suelo y completamente molido. Yo le había conseguido alcanzar, sí, pero apenas conseguí hacer menguar su energía. Difícilmente conseguía levantarme, y veía como mi rival se acercaba. Estando en el suelo, me propinó una patada que me lanzó lejos. Esta vez sí que me sentía bastante débil, incapaz incluso de mover un dedo.
Estaba tumbado sobre la arena, y mi enemigo se acercaba. ¿Acaso no habría servido de nada la ayuda proporcionada? ¿Acaso ni siquiera dos caballeros luchando juntos podrían derrotar a este ser?
P.D. Siento mucho no haber podido publicar el viernes, que es cuando correspondía, pero últimamente he estaba bastante liado, con las fiestas de mis localidades y todo, espero que lo comprendáis. Ya os iré dando más detalles.
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