viernes, 13 de agosto de 2010

La saga de los caballeros atormentados V

Reporte 5

¡Oh! De Savior el valeroso
Que en una pelea se enzarza
El rival no es temeroso,
Surge de entre la zarza

Ambos dos se preparan
En la mística explanada
Sus miradas se entrelazan
En esta noche helada

Savior su espada blande
Lorlen saca su látigo
Sus afiladas púas no en balde
conseguirán herir al enemigo

La batalla se resiste a comenzar
Los dos se guardan las espaldas,
La gloria pretenden alcanzar
Lorlen de metal sus faldas

El rival se aleja
Su arma despliega
Y desde la distancia desholleja
Savior de dañarse deniega

Su espada el aire corta
Pero al enemigo no atemora
Veloz como el aire se comporta
Y como el aire despliega su arma acechadora

El maestro del látigo lo esquiva
Y de un golpetazo la cara al rival hiere
De su mejilla la sangre cae abrasiva
Este hecho rabia le confiere

Ambos regresan a su puesto
Y se preparan para la siguiente acometida
Ambos se aproximan al destino funesto
La bondad resulta vencida

De Lorlen el peto la espada siega
Las púas contra la armadura de Savior estallan
En los dos la ira es ciega
En una cruda batalla se hallan

En triunfar cada uno insiste
La espada agrieta el metal
El látigo araña en cualquier despiste
Al igual que, de garras un arsenal

El Sol sale por entre las montañas
El metal de brillo reluce
Las púas pican cual mil arañas
La espada contra el rival se cruce

De un fortuito sablazo
Al rival el brazo desgarra
Este responde con un coletazo
El látigo retiene y amarra

La batalla está casi decidida
Savior retenido y a punto de ahogarse
Su voluntad a punto de ser vencida
Y estando atrapado morirse

No obstante, en el último momento
Savior alcanza su arma afilada
Consigue del rival el abatimiento
En su cabeza la espada atravesada

Esta última batalla me ha dejado exhausto, y con más heridas de las esperadas. Tal vez yo haya perdido incluso más sangre que el rival. Ahora he de recuperarme lo antes posible, pues no queda mucho para la próxima batalla. Esta vez, y sin que sirva de precedente, voy a ser yo el que se dirija hacia el rival, puesto que su presencia se deja notar claramente, y se aprecia cómo lleva tiempo esperando mi llegada.

No parece ser un rival fácil, incluso promete una batalla más emocionante que la que se acaba de librar. Sin embargo, no debo demorarme demasiado, pues si me hago de rogar, será el rival el que se acerque a mí, y no tendrá ningún reparo en aniquilar a alguien debilitado por una batalla que le ha causado bastantes heridas.

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